sábado, 2 de mayo de 2009

Dudas...


Cuando sólo se tiene información oficial, está abierto el derecho a la desconfianza. Mucho más, si todo el asunto del supuesto terrorismo se inicia con la ejecución pura y simple de tres individuos, por parte de cuerpos especiales, y más grave aún, si su primera utilización es la del supuesto magnicidio.
Es perfectamente posible, probable y explicable, que a partir de coyunturas como las del año pasado, se hubieran organizado grupos y apoyos dispuestos a acciones armadas. Grupos que, por lo demás y como estamos viendo, han sido infiltrados y delatados. Pero la pregunta de fondo no tiene que ver con la existencia de esos grupos, ni la intención gubernamental parece ser la de su liquidación. De hecho el propio gobierno ha visto complaciente la formación y exhibición documental y fotográfica de otros grupos armados.
Las formas expuestas en la acción gubernamental tienen otro objetivo. La demostración de la existencia de fuerzas especiales, la indiscutible convicción de que tenían orden de matar, las aberrantes formas de detención y traslado de detenidos –maniatados y vendados con cinta adhesiva-, el aviso de existencia de agendas con nombres sospechosos, la amenaza de confiscación de bienes, el traslado de cientos de efectivos militares, tienen un objetivo un claro: ¡hay que meter miedo! Además, en este caso particular el mensaje tiene un destinatario muy preciso: Santa Cruz.Tampoco deja de llamar la atención el uso reiterado de las palabras grandotas: magnicidio, terrorismo y la amenaza de ser “inmisericordes” en el castigo. Y es ciertamente extraño, por lo menos, que lo haga gente -caso García Linera- que en su momento -y aunque no lo hubiera ejercitado físicamente- incorporó a su bagaje doctrinal y teórico el terrorismo como una forma de lucha. ¿Arrepentimiento, hipocresía? Porque estamos hablando de soga en casa del ahorcado...
No hay duda de que mientras estemos frente a una sola verdad, la oficial, estaremos también enfrentados a la posibilidad de que en cualquier esquina aparezcan las ya famosas vagonetas y el consiguiente traslado a La Paz. Daño innecesario que se le hace a una ciudad símbolo de integración y acogimiento, haciéndola aparecer como una obligada sede represiva. Y, desde luego, podrán actuar los encapuchados derribando puertas en las madrugadas. El fabuloso Winston Churchill comentaba que “la democracia es el sistema político en el que, cuando alguien llama a la puerta de calle a las seis de la mañana, se sabe que es el lechero”.El mensaje del miedo es eficaz. Todos los regímenes totalitarios han pasado por la misma experiencia: mientras más miedo generas, menos represión necesitas. No tienes que censurar, la gente se autocensura. No tienes que perseguir, la gente se escapa antes. No tienes que buscar, la gente se oculta. El miedo es más barato que la represión. Sólo tienes que tener un gran aparato mediático que esté machacando en el mensaje oficial, el único mensaje. Y, desde luego, la seguridad de que el conjunto de los ciudadanos no cuenta con las instancias para proteger la integridad de sus derechos. Si, además, cuentas con los grupos de choque que sirven para relevar al gobierno de la responsabilidad de la violencia, has logrado revivir las sociedades del temor. Son los lujos que pueden darse los gobiernos sin control. Suelen tener grandes apoyos populares y base plebiscitaria. En los diccionarios de política entran en la clasificación de “dictaduras”.
Cayetano Llobet