domingo, 21 de febrero de 2010

En un puño...



Nadie podría jurar que el poder es eterno -salvo los que lo detentan-, pero cuántos envidiarían el poder que ha logrado concentrar Evo Morales. Con la naturalidad de quien no está haciendo nada, con una decisión que desconoce la palabra descanso, con ausencia absoluta de límites, se ha tragado de un bocado el Estado entero, sin dejar una miga para otros invitados.
El problema es que no hay otros invitados: a lo mucho, hay testigos de la comilona. Y a ver quién le discute la posesión, no ya de un pedazo de carne, sino de algún pequeño hueso derramado en el curso de la fenomenal ingesta. Evo no tiene quien le dispute nada. La “oposición” no existe salvo en esporádicas expresiones de mal humor -una cosa es el enojo y otra hacer oposición-, o ingenuas declaraciones de queja “ante las instancias internacionales”, en las que no creen ni sus propios autores. Sus movimientos sociales son de él, de nadie más y a aquel que se le ocurra pensar en liderazgo alternativo tiene que pagar su osadía, por lo menos batiendo marcas en la elaboración de adobes... y punto. Conste que al nombre de Patzi le precede una larga lista de amigos suyos que pretendieron ser importantes. A su lado, nadie es importante, todos son acólitos.
Lo único que él ve a su paso es el concierto de cabezas inclinadas sin que nadie se atreva a poner en duda su autoridad absoluta. ¿Quién va a discutir la legalidad de la designación de magistrados salida como rayo del dedo fulminante del caudillo, si los designados constitucionalmente, estaban ahí sentados fungiendo de complacientes anfitriones? Y es que en beneficio de los posibles “opositores”, habrá que admitir que no existe ninguna posibilidad de oposición: ni institucional, ni política y menos militar. Porque, por añadidura, cuenta con unas Fuerzas Armadas que, además de tragarse al Che Guevara y Ñancahuazú enteritos, la única lucha que libran en este momento es contra la verdad de las dictaduras militares, aunque sea en versiones tan caricaturales como las de su Comandante: “Las FFAA van a clasificar lo que van a desclasificar y lo que se desclasifique, será reservado”... ¿no es sensacional?
De hecho, Evo ni siquiera necesitaría de una Constitución Política en la medida en que él va elaborando las reglas según las circunstancias. Y aquí no hay que llamarse a engaño: su proceder y liderazgo cuenta con el apoyo de la gran mayoría de la población. Hay, ciertamente, aquellos grupos que echan de menos a sus amigos de antes, la facilidad para un trámite, un poco de muñeca para su negocio, el telefonazo rápido para solucionar un inconveniente. No es que hoy hubiera desaparecido todo eso, ¡pero son otros! Son grupos que no terminan de asumir que las cosas han cambiado y no se dan cuenta de que la nueva realidad ni siquiera supone el respeto a un orden jurídico determinado. El sistema de autoridad impuesto es muy sencillo: si las reglas del juego no me convienen o no me gustan, cambio las reglas. Por eso no es extraño escuchar al Presidente indicando a los magistrados a quién tienen que castigar.
En este momento, el de Evo es el régimen caudillar más sólido de la región. Desde luego, puede darle lecciones a su mentor Chávez, hoy en figurillas, sin luz y agua, buscando asesoría represiva especializada, peleando contra el Internet y Juanes. Que Evo tiene la situación en un puño, no cabe la menor de las dudas. Ojalá tenga bien clarito hacia donde nos lleva, porque si no...
Cayetano Llobet